Cima

A. Leng

La hora de la tarde, la que pone

su sangre en las montañas.

Alguien en esta hora está sufriendo;

una pierde, angustiada,

en este atardecer el solo pecho

contra el cual estrechaba.

Hay algún corazón en donde moja

la tarde aquella cima ensangrentada.**

El valle ya está en sombra

y se llena de calma.

Pero mira de lo hondo que se enciende

de rojez la montaña.

Yo me pongo a cantar siempre a esta hora

mi invariable canción atribulada.

¡Será yo la que baño

la cumbre de escarlata?

Llevo a mi corazón la mano, y siento

que mi costado mana.