El cementerio

André Fijan

¡Dichoso quien aquí muere

como las aves del campo!

Su cuerpo en la hierba yace

Y los amigos le lloran.

Bajo este cielo radiante

Su sueño es largo y sereno.

Cuantos le conocieron vinieron

Y se despiden largamente.

Junto a la cruz, orando,

Quedan arrodillados los parientes;

Sus huesos bajo las flores

Reciben el rocío del llanto.

En la negra madera, cualquiera

Puede ver si era joven o no lo era

Y llamarle por su nombre

Con sincera pesadumbre.

¡Cuánto más desdichados

Los que, muertos en el mar,

Con las aguas profundas se van

Lejos del país amado!

¡Infelices! Por sudario tienen

Las marañas de algas verdes

Que los llevan, anónimos y desnudos,

Con los ojos siempre abiertos.