El sermón de San Antonio a los peces

Armin Knab

San Antonio llega para el sermón

y se encuentra la iglesia vacía.

Se va hasta el río

a predicar a los peces;

Estos mueven la cola,

que refulge bajo el sol.

La carpa y sus huevas

han venido aquí,

sus bocas completamente abiertas,

escuchando atentas.

Jamás otro sermón

gustó tanto a las carpas.

Lucios de boca afilada

que siempre están peleando,

han venido aquí, nadando veloces

a escuchar a este beato;

Jamás otro sermón

gustó tanto a los lucios.

También, las fantásticas criaturas

que siempre están ayunando -

al abadejo, me refiero -

también llegaron para oír el sermón;

Jamás otro sermón

gustó tanto al abadejo.

Anguilas y esturiones de estirpe,

de banquetes tan elegantes -

hasta ellos se molestaron

en escuchar el sermón:

Jamás otro sermón

gustó tanto a las anguilas.

Y también cangrejos y hasta las tortugas,

siempre tan lentas,

suben rápido del fondo,

para escuchar su voz.

Jamás otro sermón

gustó tanto a los cangrejos.

Peces grandes y pequeños,

los nobles y los comunes,

todos elevan la cabeza

como criaturas sensibles:

A petición de Dios

escuchan el sermón.

Terminado el sermón,

cada uno da la vuelta;

los lucios siguen siendo ladrones,

las anguilas, amantes fabulosas.

Les ha gustado el sermón,

pero siguen igual que antes.

Los cangrejos siguen caminando hacia atrás,

el abadejo no cambia,

las carpas siguen atiborrándose,

¡el sermón está olvidado!

Les ha gustado el sermón,

pero siguen igual que antes.