Dedicatoria

August Wilhelm Julius Rietz

Tú, alma mía; tú, mi corazón;

tú, mi deleite; oh, tú, mi sufrimiento;

tú eres el mundo en el que yo vivo,

el cielo en el que yo floto,

¡oh tú eres mi tumba, dentro de la que yo

enterraré para toda la eternidad mis preocupaciones!

Tú eres el reposo, tú eres la paz,

eres lo que el cielo me ha otorgado.

Que tú me ames, me hace digno,

tu mirada me transfigura,

amándome me elevas por encima de mí mismo,

¡mi espíritu bueno, mi mejor yo!