Jardín antiguo

C. Guastavino

Ir de nuevo al jardín cerrado,

que tras los arcos de la tapia,

entre magnolios, limoneros

guarda el encanto de las aguas.

Oír de nuevo en el silencio

vivo de trinos y de hojas,

el susurro tibio del aire

donde las almas viejas flotan.

Ver otra vez el cielo hondo

a lo lejos, la torre esbelta

tal flor de luz sobre las palmas:

las cosas todas siempre bellas.

Sentir otra vez, como entonces,

la espina aguda del deseo,

mientras la juventud pasada

vuelve. Sueño de un dios sin tiempo.