Nocturno

C. López Buchardo

Grave fué nuestro amor; y más callada

aquella noche frescamente umbría,

Polvorosa de estrellas se ponía

Cual la profundidad de una cascada.

Con la íntima dulzura del suceso

que abandonó a mis labios tus sonrojos,

delirados de sombra vi tus ojos

en la embebida asiduidad del beso.

Y lo que en ellos se asomó a mi vida,

fué tu alma, hermana de mi desventura.

Avecilla poética y oscura

que aleteaba en tus párpados rendida.