El cementerio
Émile Naoumoff
¡Dichoso quien aquí muere
como las aves del campo!
Su cuerpo en la hierba yace
Y los amigos le lloran.
Bajo este cielo radiante
Su sueño es largo y sereno.
Cuantos le conocieron vinieron
Y se despiden largamente.
Junto a la cruz, orando,
Quedan arrodillados los parientes;
Sus huesos bajo las flores
Reciben el rocío del llanto.
En la negra madera, cualquiera
Puede ver si era joven o no lo era
Y llamarle por su nombre
Con sincera pesadumbre.
¡Cuánto más desdichados
Los que, muertos en el mar,
Con las aguas profundas se van
Lejos del país amado!
¡Infelices! Por sudario tienen
Las marañas de algas verdes
Que los llevan, anónimos y desnudos,
Con los ojos siempre abiertos.