Callejeo

Enrique Granados y Campiña

Dos horas ha que callejeo

pero no veo,

nerviosa ya, sin calma,

al que le di confiada

el alma.

No vi hombre jamás

que mintiera más que el majo

que hoy me engaña;

mas no le ha de valer

pues siempre fui mujer de maña

y, si es menester,

correré sin parar,

tras él, entera España.