Llorad, Corazón, que tenéis razón

Enrique Granados y Campiña

Lloraba la niña

(y tenía razón)

la prolija ausencia

de su ingrato amor.

Dejola tan niña,

que apenas, creo yo

que tenía los años

que ha que la dejó.

Llorando la ausencia

del galán traidor,

la halla la Luna

y la deja el Sol,

añadiendo siempre

pasión a pasión,

memoria a memoria

dolor a dolor.

Llorad, Corazón,

que tenéis razón.