Mañanica era

Enrique Granados y Campiña

Mañanica era, mañana

de San Juan se decía al fin,

cuando aquella diosa Venus

dentro de un fresco jardín

tomando estaba la fresca

a la sombra de un jazmín,

cabellos en su cabeza,

parecía un serafín.

Sus mejillas y sus labios

como color de rubí

y el objeto de su cara

figuraba un querubín;

allí de flores floridas

hacía un rico cojín,

de rosas una guirnalda

para el que venía a morir,

¡ah!, lealmente por amores

sin a nadie descubrir.