Mandolina

Eugène-Émile Lacroix

Los que dan las serenatas

Y las bellas que escuchan

Parlotean con recato

Bajo el rumor de la fronda.

Es Tircis y es Aminta,

Es el eterno Clítandro

Y también Damis, que a tantas

Paga desdén con ternezas.

Breves levitas de seda,

Largos vestidos de cola,

Su elegancia, su alegría

Y sus sombras desvaídas

Giran, cautivos del éxtasis

De una luna rosa y gris.

Y en la brisa estremecida

Lo glosa todo la mandolina.