Los dos granaderos

Friedrich Schneeberger

Para Francia se encaminan dos granaderos

Desde su cautiverio ruso.

Al arribar a su cuartel germano,

Sus cabezas se inclinan con desconsuelo.

Han escuchado que Francia está derrotada,

Que su valiente ejército

ha sido vencido

Y que hasta el propio emperador está cautivo.

Confúndense, entonces,

en lágrimas de infortunio.

"El dolor me atormenta", expresa uno;

"¡Cómo arde mi vieja herida!"

Responde el otro: "el himno se ha extinguido;

También yo quisiera morir contigo,

Pero me esperan en el hogar una mujer y un hijo

Que sin mí pudieran perecer."

"Qué importan una mujer y un hijo:

Si están hambrientos, pudieran mendigar;

Una mayor congoja embarga mi alma:

Mi emperador ha sido capturado;

Cumple, hermano, mi último deseo:

Si he de morir, lleva contigo mi cadáver

A Francia, entiérrame en suelo francés;

Coloca sobre mi corazón

La cruz de honor,

Con su cinta roja;

Por en mi mano el rifle

Y cíñeme la espada.

Así reposaré en mi tumba,

Atento como un centinela,

Es espera del trueno de los cañones

Y el trote de los corceles.

Cabalgará mi emperador sobre mi tumba

Y las espadas fulgurarán en el fragor.

Levantareme, entonces, de la tumba,

A defender a mi señor."