Al irse a dormir
Helene Maria Petersen-Vietor
Puesto que el día me ha fatigado,
mi ardiente deseo debe
acoger amistosamente la noche estrellada
como un niño agotado lo haría.
Manos, cesad toda acción.
Mente, olvida todo pensamiento.
Todos mis sentidos
quieren ahora sumirse en el sueño.
Y el alma, sin custodia,
quiere remontarse con libres alas
para, en el círculo mágico de la noche,
vivir profundamente y de mil maneras.