Vidalita

J. Aguirre

Desde que te fuiste mi amante bien,

no hay un dulce día:

Pálidas las horas pasarse ven,

¡pobre suerte mía!

Alma de mi alma: la blanca flor

que al partir me diste,

se dobló abatida, perdió el color,

va muriendo triste.

Tanta es la tristeza de mi pesar

tan amargo el llanto.

Que con él regarla fuera matar

la flor de mi encanto.

Vuelve, oh vida, y trae para la flor

agua de la fuente.

A su blando riego, flor del amor,

te alzarás sonriente.

Desde que te fuiste mi amante bien,

no hay un dulce día:

Pálidas las horas pasarse ven,

¡pobre suerte mía!