Último árbol

John Mitchell

Esta solita greca que me dieron en naciendo

lo que va de mi costado a mi costado de fuego

lo que corre de mi frente a mis pies calenturientos; esta

Isla de mi sangre, esta parvedad de reino,

yo lo devuelvo cumplido y en brazada se lo entrego

al último de mis árboles, a tamarindo o a cedro

Por si en la segunda vida no me dan lo que ya dieron

y me hace falta este cuajo de frescor y de silencio

y yo paso por el mundo en sueño, carrera o vuelo,

en vez de umbrales de casas quiero árbol de paradero.

Le dejaré lo que tuve de ceniza y firmamento,

mi flanco lleno de hablas y mi flanco de silencio

Soledades que me dí, soledades que me dieron,

y el diezmo que pagué al rayo de mi Dios dulce y tremendo:

mi juego de toma y dica con las nubes y los vientos

y lo que supe temblando de manantiales secretos

¡Ay, arrimo temblorosa de mi Arcángel verdadero

adelantado en las rutas con el ramo y el ungüento!

Tal vez ya nació y me falta gracia de reconocerlo

o sea el árbol sin nombre que cargué como a hijo ciego

A veces cae a mis hombros una humedad o un oreo

y veo en contorno mío el cíngulo de su ruedo

Pero tal vez su follaje ya va arropando mi sueño

y estoy de muerta cantando debajo de él sin saberlo,

y estoy de muerta cantando debajo de él sin saberlo.