Los dos granaderos
Leopold Lenz
Para Francia se encaminan dos granaderos
Desde su cautiverio ruso.
Al arribar a su cuartel germano,
Sus cabezas se inclinan con desconsuelo.
Han escuchado que Francia está derrotada,
Que su valiente ejército
ha sido vencido
Y que hasta el propio emperador está cautivo.
Confúndense, entonces,
en lágrimas de infortunio.
"El dolor me atormenta", expresa uno;
"¡Cómo arde mi vieja herida!"
Responde el otro: "el himno se ha extinguido;
También yo quisiera morir contigo,
Pero me esperan en el hogar una mujer y un hijo
Que sin mí pudieran perecer."
"Qué importan una mujer y un hijo:
Si están hambrientos, pudieran mendigar;
Una mayor congoja embarga mi alma:
Mi emperador ha sido capturado;
Cumple, hermano, mi último deseo:
Si he de morir, lleva contigo mi cadáver
A Francia, entiérrame en suelo francés;
Coloca sobre mi corazón
La cruz de honor,
Con su cinta roja;
Por en mi mano el rifle
Y cíñeme la espada.
Así reposaré en mi tumba,
Atento como un centinela,
Es espera del trueno de los cañones
Y el trote de los corceles.
Cabalgará mi emperador sobre mi tumba
Y las espadas fulgurarán en el fragor.
Levantareme, entonces, de la tumba,
A defender a mi señor."