Te amo

Oskar C. Posa

Cuatro nobles corceles

ante nuestro carruaje,

vivimos en un palacio

con ostentoso lujo.

Las primeras luces matutinas

y por la noche el rayo,

todo cuanto iluminan,

es dominio nuestro.

Mas si vagaras perdida,

exiliada por el mundo,

iría contigo por las calles,

en pobreza e ignominia.

Me sangran las manos,

los pies tengo heridos,

cuatro paredes desconsoladas,

ningún perro nos conoce.

Cubierto de plata está

tu féretro ante el altar,

ellos habrán de llevarme

hasta tu sepulcro.

Y si, allá lejos en el prado,

mueres en la pobreza,

desenvainaré mi puñal

y te seguiré hasta la muerte.