A unos ojos
R. Sanz Quirós
El sol con sus rayos rojos
ya no brilla, ya no arde;
que está dormida la tarde
y está dormida en tus ojos.
Al morir, con mil halagos,
te deja en ellos el día,
su vaga melancolía
y sus resplandores vagos;
y al tender la noche el velo
por las esferas oscuro,
te ruega que guardes puro,
el diáfano azul del cielo.
Por eso, hermosa, los tules
que en tus ojos hay presentes,
[hijo vagos, hijo transparentes,
hijo] soñolientos y azules.
Por eso con rayos rojos,
el sol ni brilla ni arde,
que está dormida la tarde,
y está dormida en tus ojos.