Dios -¿de dónde sacaste para encender el cielo?

D. Knaggs

Dios — de dónde sacaste para encender el cielo

este maravilloso crepúsculo de cobre?

Por él supe llenarme de alegría, de nuevo,

y la mala mirada supe tornarla noble.

Entre las llamaradas amarillas y verdes

se alumbró el lampadario de un sol desconocido

que rajó las azules llanuras del Oeste

y volcó en las montañas sus fuentes y sus ríos.

Dame la maga fiesta. Dios, déjala en mi vida,

dame los fuegos tuyos para alumbrar la tierra,

deja en mi corazón tu lámpara encendida

y yo seré el aceite de su lumbre suprema.

Y me iré por los campos en la noche estrellada

con los brazos abiertos y la frente desnuda,

cantando aires ingenuos con las mismas palabras

que en la noche se dicen los campos y la luna.