Trovos y saetas

J. Turina

El demonio como es tan travieso,

me tiró una piedra, y rampió un farol,

y salieron las padres franciscos,

y lo apedrearon por el callejón.

A tu puerta están las campanillas;

ni te llaman ellas, ni te llama yo,

que te llama la boca de un ángel,

cuatro jilgueritos y un ruiseñor.