Por doquiera que mi alma

J. Wallach

Por doquiera que mi alma

navega, o anda, o vuela, todo, todo

es suyo. ¡Qué tranquila

en todes partes, siempre;

ahora en la proa alta

que abre en dos platas el azul profundo,

bajando al fondo o ascendiendo al cielo!

¡Oh, qué serena el alma

cuando se ha apoderado,

como una reina solitaria y pura,

de su imperio infinito!