Madrugada

K. Pukinskis

Pero como el amor

los saeteros

están ciegos.

Sobre la noche verde,

las saetas

dejan rastros de lirio

caliente.

La quilla de la luna

rompe nubes moradas

y las aljabas

se llenan de rocío.

¡Ay, pero como el amor

los saeteros

están ciegos!