Si el silencio fuera mío

M. Bor

¡Si el silencio fuera mío,

qué silencio!

Si el silencio fuera mío,

cuando haya silencio

no te darás cuenta

de tanto silencio.

Ya las cosas no serían

hechas a golpes y ruidos;

serían todos de aceite

las sierras y los martillos,

el hacha de pensamiento

y el azadón de suspiro.

Qué nueva música haríamos

con canciones de maíz

y con palabras de trigo

y obreros con voz de pan,

y obreras con voz de hijo

y una noche que contara

la historia del mar dormido,

si el silencio fuera tuyo,

si el silencio fuera mío.

Siempre habría que contar

con la cigarra, no hay nada

mejor para hacer silencios;

para hacer silencios nadie ha hecho tanto

como la cigarra.

Podrá haber silencios, silencios tan grandes

que los ojos oigan a los ojos que hablan,

por no habrá nunca un silencio

como el silencio con cigarra.

Podrías meterte dentro de un silencio,

con toda la boca del mundo cerrada,

y no podrás darte cuente del silencio,

hasta que llega la cigarra.

Nadie sabe nunca que empezó el silencio,

hasta que empieza la cigarra.

Ella firma el silencio,

ello lo subraya

es un silencio en bastardilla

el silencio con cigarra.

Para hacer trabajo santo,

para hacer hijo en la noche,

sin miedo de la mañana,

para que amaras de modo

que tus ojos se escucharan,

te daría un mundo en paz

y un silencio con cigarra.

Si el silencio fuera mío,

con un silencio que amara,

de esos que nunca se saben

hasta que hay cigarra,

te haría un mundo sin odios,

sin niños con caras pálidas,

sin mujeres con ojeras

y sin hombres con espadas;

y tendrían mi silencio

guardadito en una caja,

y le pondría alcanfor

para que no lo picaran las cigarras.

Pero el domingo en la tarde,

para que tú lo escucharas,

para que te hicieras toda de silencios,

te haría uno con cigarra.

Si el silencio fuera mío,

le pondría un lazo azul

con un silencio de amor

y lo tendría guardado

hasta el día de tu voz.