El canto de las piedras

N. Figueroa

Hay un sitio en las costas de Aguadilla

al pie de una montaña de granito

y a poco trecho del lugar bendito

en que duermen los muertos de la Villa

un sitio entre las rocas, do se humilla

la onda que bate al duro monolito,

y es perenne el rumor y eterno el grito

que se oye en toda la escarpada orilla.

Cuando, al sordo fragor del oleaje,

allí las tempestades se quebrantan,

vibra más fuerte el cántico salvaje:

el himno de las piedras, que levanta

las que su nombre dieron al paraje...

¡porque en mi pueblo, hasta las piedras cantan!