Daba el reloj las doce

C. Pedrell

Daba el reloj las doce... y eran doce

golpes de azada en tierra...

... ¡Mi hora! -- grité --... El silencio

me respondió: --No temas;

tú no verás caer la última gota

que en la clepsidra tiembla.

Dormirás muchas horas todavía

sobre la orilla vieja

y encontrarás una mañana pura

amarrada tu barca a otra ribera.