El lucero

E. Rosaenz

Sobre la nave temprana

que surca la onda serena,

va meciéndose en la entena

la estrella de la mañana.

El mar, entre vagos tules,

con suavísimo desmayo,

parece abrir en su rayo

sus torvas cejas azules.

Y aquietado su hondo afán,

como tu amor en mi vida,

la estrella cae dormida

en el seno del titán.