Canción de cuna

M. Bor

No te duermas, niño,

que dormir es feo;

todo, todo, todo

se te pone negro.

Dios hace su noche

para sus estrellas;

yo no te di ojitos

para que durmieras.

No hay nada más malo

que un niño durmiendo,

que la madre llora,

que parece muerto.

Los niños debieran

dormir a las madres;

yo tengo mi niño

para que me cante;

dormir a las madres

los niños debieran;

yo tengo mi niño

para que me duerma.

Yo quiero que grites,

yo quiero que llores,

sin dormir de día,

sin dormir de noche,

que rompas la jaula

que mates el mirlo

que digan: – ¡Qué malo!,

¡qué malo este niño!

Que grites al chino

y a los barquilleros,

que te tengan rabia,

que te tengan miedo;

que le tires piedras

a los Reyes Magos

para que te caigan

entre los zapatos.

Que no duerma nadie,

porque no los dejas,

que la misma Virgen

se quede despierta

y que se trasnochen

hasta las estrellas

y las pille el día

toditas afuera…

No cierres los ojos

porque me ennochezco,

no cierres los labios

porque me ensilencio;

gritando de día,

de noche, gritando,

que yo tenga siempre

tu grito en mis brazos…

– Pero como él hace

todo lo contrario,

ya estará dormido

cuando acabe el canto.