La visita

M. Ponce

Ha de venir. Vendrá

¿Cuándo?... No sé. Muy pronto.

Escucho ya su voz remota

Y sus pisadas oigo.

Abre la puerta, alma; que no tenga

Que llamar. Y que esté dispuesto todo:

Apagado el fogón, limpia la casa,

Y el blanco cirio de la fe, en el fondo.

Ha de venir, Vendrá. Calladamente

Me tomará en sus brazos. Así como

La madre al niño que volvió cansado

De correr bosques y saltar arroyos.

Yo le diré en voz baja: Bienvenida,

Y sin miedo, ni asombro,

Me entregaré al misterio,

Pensaré en Dios y cerraré los ojos.