Donaire

M. Prieto

Me la trajo el aire un día porque sí o por donaire,

un día en que el desaire parecía como el aire

del mal aire de aquel día

¡y me enamoré del aire, del aire que la traía!

¡Aire, aire!, prorrumpía, cóncava de aire la vela

del vuelo de la alegría de mi airosa carabela,

y el aire, que suponía

que era el gozo, que me ahogaba

acudía y se colaba por los mil huecos del día

de las mil horas abiertas de la casa de mil puertas

del aire donde vivía...

¡y me enamoré del aire, del aire que la traía!