Tres alamos

M. Heiniö

Busco a mi hijo, señor,

salió una mañana,

y nunca volvió.

Tiene veinte años, señor,

es joven y hermoso,

y nunca volvió.

Anduve y anduve, señor,

tras una noticia,

siquiera una voz,

un nombre tan sólo,

el suyo: Manuel.

Per qué no contesta, señor,

no mire tan duro,

no escupa mi cara,

no cierre la puerta!

Perdone si vuelvo,

manana otra vez,

señor.